LA SUERTE DEL BRUJO GALLEGO Y LA DESIDIA DEL PUEBLO ESPAÑOL

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¿Realmente crees que no es necesaria la aparición de nuevos proyectos políticos en este país todavía llamado España? No sólo es necesario, sino que resulta asfixiantemente urgente. Y somos todos los ciudadanos los principales responsables de que esto se convierta en una realidad, todos. Cuanto más tiempo pasemos renegando de la política, tal y como la conocemos hoy, peor nos irá a todos. Si básico ha resultado comprobar el éxito de convocatoria en las movilizaciones en defensa de lo que hemos entendido se nos quería amputar, mucho más urgente es la necesidad de dar un paso adelante y apoyar nuevas ideas políticas con nuevos líderes, capaces de dar un giro de 360º a esta insoportable situación.

España está hoy en manos de cuatro fórmulas políticas, idénticas entre sí, unas viejas y otras que se hacen llamar nuevas, pero todas ideadas por el mismo tipo de cerebro, cuyo objetivo único es moverse dentro de una esfera que sólo gira entre sí misma, colocando a unos y a otros en distintas posiciones según el momento que convenga.  Ninguno ofrece soluciones reales a los problemas cada vez más acuciantes que hacen tambalear la estabilidad e integridad históricas de esta nación. No son estos presuntos líderes de opinión, ninguno de ellos, los políticos que en este momento histórico necesita España para afrontar de cara los problemas y ofrecer soluciones reales a lo que nos está sucediendo.

Que el separatismo catalán es un verdadero problema, nadie lo pone en duda. Que sobre él es necesario hablar e informar, tampoco. Pero lo que jamás nadie hubiera imaginado, excepto el brujo gallego que nos mal gobierna, es que toda esta odisea, convertida en el principal y más grave problema que ha padecido nuestra democracia desde la dictadura, mucho más serio incluso que el fallido golpe de estado del 23 F, pudiera ser la tabla de salvación de este Presidente del Gobierno. Resulta increíble. Algunos incluso dirán que esto sólo pasa en España. Un problema como el sucedido en los últimos meses en Cataluña, fruto de la desidia de la clase política incapaz de tomar una sola medida en los últimos cinco años para atajar este creciente problema, le hubiera costado el puesto a cualquier Presidente de un país democrático con sentido de Estado. Pero aquí no, aquí al revés, este drama está sirviendo para afianzar a Mariano Rajoy en el sillón de la Moncloa con absoluta tranquilidad.

No es normal que en pleno proceso de recuperación económica, veamos cómo se está estancando de forma muy peligrosa la creación de puestos de trabajo. Casi 8.000 nuevos parados en el mes de Noviembre. ¿Esperamos que estos se generen cuando la tendencia cambie a la baja? ¿Cómo es posible que habiéndose recuperado dos millones de puestos de trabajo en los últimos años, con la consiguiente recaudación de impuestos en materia de seguridad social que ello conlleva, la hucha de las pensiones esté con telarañas y teniendo que solicitar préstamos para pagar a los ya casi 10 millones de pensionistas, creándoles además ese constante desasosiego impropio de una democracia como la nuestra?, ¿estamos esperando a volver a entrar en recesión para afrontar la urgente reforma del Pacto de Toledo? La cobardía, incapacidad y falta de diálogo, son las muestras de identidad de un Gobierno atenazado por los múltiples casos de corrupción y una oposición cainita y ciega por conseguir el poder, que desatiende las principales amenazas que se ciernen a gran velocidad sobre este país.

Resulta vergonzoso ver como cada día se dedica una ingente cantidad de páginas de periódicos, interminables horas de tertulia en todas las emisoras de radio y un sinfín de programas de televisión al problema de Cataluña, mientras aumenta el número de personas en el desempleo, están amenazadas las pensiones de nuestros mayores y se resiente el mercado turístico en la principal comunidad autonomía receptora, olvidando que sigue siendo esta la industria que más puestos de trabajo mantiene en España y la que más recursos genera.

Pero claro, el brujo está tranquilo meneando su pócima mágica, esa que tiene al resto de partidos políticos embelesados pelándose por aquello que al gallego le interesa, entretenidos como niños a ver quién es capaz de sacar más escaños en una de las esquinas de España. No interesa resolver un problema que a todos convine que continúe. Al más listo de la clase, porque si hubiera querido ya hace años lo hubiera resuelto, y al resto del chiflado pelotón porque mientras se pelean por su trocito de tarta, no emplean tiempo en fijarse de que España se aproxima, y este es el principal problema, a una nueva recesión económica sin haber hecho los deberes que nos pusieron en la anterior, demasiada cercana todavía en el tiempo como para que muchos de nosotros hayamos desistido de aportar nuestro granito de arena y quitar a todos estos ganapanes la varita del poder que no tienen ni la más mínima idea de utilizar.

Les invito a que reflexionen si de verdad nos podemos permitir el lujo de no querer hablar de política, de no participar en proyectos nuevos y, sobre todo, de rechazar el escuchar a aquellos que decidan dar un paso adelante. Al menos escuchémosles, a los que hay ya los tenemos muy oídos. Y sino lo queremos hacer por nosotros, hagámoslo por aquellos que nos siguen, sin culpa ninguna de encontrarse este patético futuro.



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